2017-02-10

Los 8 hábitos tóxicos de la organización obsesivo-compulsiva.

La organización obsesivo-compulsiva. 

Por Nacho Muñoz. 

conGestión de Personas.  

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Los 8 hábitos tóxicos de la organización obsesivo-compulsiva

Parece ser que la principal característica de este trastorno es la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental, a expensas de la flexibilidad y la espontaneidad. Ojo, no ha de confundirse con el trastorno de ansiedad que lleva el mismo nombre.


Aquí estamos hablando de un trastorno de personalidad y los que lo padecen intentan mantener la sensación de control, mediante una gran atención a las reglas, los detalles, los protocolos, las formalidades… hasta incluso la pérdida de vista del principal objetivo de la actividad. Son demasiado cuidadosos y muy propensos a las repeticiones, sobre todo para comprobar los posibles errores.

1. Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal.

El conservadurismo suele ser habitual en este tipo de personalidades empresariales. Las inseguridades reinan, lo cual se traduce en una inacción o retraso de las decisiones a tomar. El principio de subsariedad (un asunto debe ser resuelto por la persona más próxima al objeto del problema) no existe, porque la desconfianza también está detrás de esa inseguridad, de forma que al personal se le sacrifica su autonomía en el trabajo a costa de mayor control sobre su desempeño. La dirección de este tipo de empresas suelen contar con caros consultores y asesores, permanentemente, en los que delegar decisiones importantes.

2. Preocupación excesiva por detalles, reglas, listas, orden, organización y horarios.

De puertas hacia dentro los procesos están muy bien definidos, de forma que el orden y la claridad organizativa imperen como valores críticos. Los organigramas, cronogramas, bases de datos, normativas internas o los sistemas de calidad pasan al primer plano, burocratizando en exceso el día a día de la empresa. La flexibilidad en todo este sistema regulado no tiene cabida.

3. Perfeccionismo, que interfiere con la actividad práctica.

Se alinea el perfeccionismo con la sensación de seguridad, algo que nunca se alcanza: la comprobación de todos los detalles antes de tomar una decisión o de llevar a cabo una simple tarea se torna en imposición interna. Los efectos embudos son permanentes, porque los empleados no disponen de la autonomía suficiente para poder tomar las decisiones y, además, la supervisión para controlar el perfeccionismo necesario para llevar a cabo todas las actividades que es necesario. El miedo a no hacerlo bien es mayúsculo ya que cada error alimenta esos miedos y la sanción del fracaso es un hecho.

4. Rectitud y escrupulosidad excesivas junto con preocupación injustificada por el rendimiento, hasta el extremo de renunciar a actividades placenteras y a relaciones personales.

Los sistemas de evaluación y control del desempeño están programados y, aunque parece que representan el criterio por el que medir la labor del personal, la realidad es que hay una cultura de presencialismo: hay que intentar llegar el primero e irse el último, no sólo hay que trabajar, sino parecer que se trabaja.

5. Pedantería y convencionalismo con una capacidad limitada para expresar emociones.

Al igual que la empresa esquizoide, las personas que forman parte de las empresas son recursos humanos (fungibles humanos, que diría la buena de Inés), mostrando frialdad emocional ante ellos. Las relaciones dentro de estas organizaciones son estrictamente profesionales, haciendo por lo tanto una clara separación entre la vida personal y la profesional. Las conversaciones informales a veces son performances de buenas relaciones entre compañeros, donde se intuye un poso de convencionalismo y de “vamos a llevarnos bien porque no tenemos otra opción”.

6. Rigidez y obstinación.

Los jefes de este tipo de empresas se caracterizan por su obsesión por llevar a cabo los objetivos según los estándares y patrones que previamente ha establecido, los cuales busca de forma compulsiva y obstinada, sin permitir márgenes de maniobra alternativos.

7. Insistencia poco razonable en que los demás se sometan a la propia rutina y resistencia también poco razonable a dejar a los demás hacer lo que tienen que hacer.

Hay un modo de hacer las cosas… que es el modo de hacer las cosas. El personal es tratado como si de un alquiler de la fuerza de trabajo se tratase, sin autonomía o independencia para desarrollar sus tareas en función de su intuición o conocimientos. “Aquí no se paga para pensar”, aunque Fulanito crea que existe otro modo de hacer las cosas.

8. La irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos.

Muy relacionado con lo anterior: ante proyectos en donde aparecen dudas sobre si se podrían hacer las cosas de otra manera, se establecen de arriba a abajo, espontáneamente, de forma impulsiva y sin consultar a nadie nuevos modos o procedimientos de trabajo, a pesar de que no mejoren la situación.

¿Se te viene a la cabeza alguna empresa obsesiva-compulsiva? ¿Conoces algún atributo o experiencia obsesivo-compulsiva que poder añadir a la lista? Después de la empresa narcisista y la paranoide, esta parece menos común… ¿o no?



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Posted by Nacho Muñoz on 10 ene, 2012
 



Nacho Muñoz
Consultor en Innovación Colectiva. En lo académico, licenciado en Psicología, tengo un título Master, en Dirección y Gestión de Recursos Humanos, estudios de Filosofía y, actualmente, estoy doctorando en Sociología Aplicada.
Innovación Colectiva.
Universidad de Málaga.
Málaga y alrededores, España.
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Fuente: conGestión de Personas
Imagen: Obsessive Compulsive

2012.01.11



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